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Entronización

Santa Maria de la Fidelidad: Historia

La Madre compartía con devoción y transparencia la experiencia de su encuentro con la Virgen, relatando lo sucedido a las hermanas de la comunidad, a quienes la visitaban y a sacerdotes que la escuchaban con atención. En cada narración, su voz transmitía la sinceridad y la firmeza de quien ha vivido un evento sagrado, dejando claro que no había falsedad en sus palabras. Expresaba su ferviente deseo que el hermoso mensaje que la Virgen le había dado no se perdiera y que pudiera permanecer como un legado vivo en la comunidad. Con especial entusiasmo, anhelaba que alguien pudiese plasmar la imagen de la Virgen tal como la había visto, con la finalidad de hacerla visible y establecerla como Patrona de la Sociedad de Cristo. La Madre logró obtener la aprobación eclesiástica de la oración de la salve a Santa María de la Fidelidad, oración que la comunidad reza a diario desde entonces.

La difusión del mensaje y el llamado a artistas

En su deseo de que la imagen de la Virgen fuera representada fielmente, la Madre aprovechaba cualquier oportunidad para encontrar un artista que pudiera crear una pintura o una escultura de la Virgen. La emisora Minuto de Dios en Barranquilla, que dedicaba un espacio a entrevistas para compartir historias novedosas, le brindó una oportunidad a una hermana de contar la historia. Durante una entrevista, esa hermana aprovechó para invitar a cualquier pintor o escultor interesado a acercarse al colegio Sociedad de Cristo. Su esperanza era que algún artista respondiera al llamado y capturara la esencia de la Virgen bajo la dirección precisa de la misma Madre Blanca, tal como ella la había visto. Sin embargo, esta iniciativa no tuvo éxito y, pese a su empeño, no se encontró un artista adecuado en ese momento.

La primera representación: Una estampita modesta

Tiempo después, alguien se ofreció a dibujar una estampita con la imagen de la Virgen, y aunque esta no reflejaba con exactitud lo que la Madre había visualizado, ella la mostraba con aprecio a aquellos en quienes confiaba. Sabía valorar los esfuerzos de los demás y agradecía la buena intención, compartiendo la estampita con sacerdotes y visitantes que llegaban al convento. Les narraba el episodio de su revelación con el mismo fervor de siempre, confiando en que sus palabras reforzarían la credibilidad de su visión y que algún día se lograría crear la imagen que realmente había visto en su encuentro con la Virgen.

El Boceto de la Madre
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Madre mostrando la estampita al público

El 29 de marzo de 1990, llamó a una de las hermanas a su habitación, donde se encontraba sentada en su escritorio, y le mostró el boceto que estaba dibujando a lápiz, diciendo: “Mijita, venga y mire, así vi yo a la Virgen…” La hermana quedó asombrada al ver la habilidad y el amor con los que la Madre trazaba cada línea, esforzándose por no omitir detalle alguno. Le explicaba cuidadosamente cada aspecto, como si quisiera imprimir en la hermana la imagen en su corazón.

 

Este hecho, tan significativo para la Madre, fue registrado por ella misma en su diario con fecha y escrito con su puño y letra. El mismo día fue a visitar al Señor Arzobispo S.E. Monseñor  Felix María  Torres Parra, (ya fallecido), para rogarle se le permitiera venerar a la Virgen en la comunidad como Patrona, bajo esta advocación.

El Concurso en el Colegio

Poco después del fallecimiento de la Madre, ocurrido el 28 de enero de 1992, se organizó un concurso en el colegio en honor a su deseo. Durante la semana bíblica, se invitó a todos los alumnos de todos los grados a participar pintando la imagen de la Virgen siguiendo las indicaciones y el boceto que la Madre había dejado.

 

Los estudiantes, motivados por el deseo de ganar, presentaron sus obras al jurado, el cual estaba compuesto por personas que habían conocido a la Madre y escuchado el relato de la revelación de sus propios labios.

 

Al final, se eligió la pintura que más se aproximaba a la descripción y el boceto de la Madre, y esa representación pasó a ser la más cercana a su visión original.

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Cuadro al óleo de la Virgen

(Reposa en la casa de Puerto Colombia)

En búsqueda de la materialización de la imagen y el Encuentro con el Escultor

Varios años despúes, en 2005, una hermana fue enviada a Ecuador con una misión importante: redactar una novena a Santa María de la Fidelidad y seguir buscando un escultor que pudiera hacer realidad la imagen de la Virgen. La tarea de la novena se logró en el mismo año con su respectiva aprobación eclesiástica. Durante su tiempo en la curia arzobispal de Guayaquil, preguntó si alguien conocía a un escultor. Gracias a la recomendación de contactos de la librería arquidiocesana, encontró a un escultor en Quito, Don Yimy, a quien le interesó el proyecto a pesar de los desafíos, ya que se trataba de plasmar una imagen de un texto escrito y un boceto elaborado a puño y mano ya casi borroso.

La hermana viajó a Quito para supervisar la obra en su fase de "obra negra", sin colores ni detalles, un momento crucial en el que debía decidir si el trabajo avanzaba.

Al llegar al taller repleto de imágenes religiosas, buscó ansiosa la figura de la Virgen, hasta que el escultor le señaló una imagen sin terminar en el suelo: la escultura estaba blanca, sin ojos ni color, y con la mano derecha incompleta. Ella se arrodilló junto a la imagen, y con profunda devoción pidió a la Virgen ayuda para tomar la mejor decisión, pues sentía el peso de aprobar o rechazar una obra aún en proceso. Tras un largo momento de oración, experimentó una inmensa paz y alegría que la animaron a dar su aprobación.

 

Con dedicación, explicó al escultor detalles precisos de la imagen que la Madre había indicado: los colores, la expresión de los ojos, la posición del Niño, la corona, el trono, el cabello y el manto.

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Imagen de la Virgen en obra negra

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Hna. B. Fanny dando el visto bueno a la obra

Cuando finalmente la escultura llegó desde Quito, la hermana la recibió con gran emoción. La imagen venía cuidadosamente embalada, y al abrirla, sintió la bendición de ver materializado el sueño de la Madre. Sin demora, informó a la superiora general para coordinar la entronización y se dirigió a la curia para solicitar el decreto de aprobación que permitiera venerar a la imagen como Patrona de la Sociedad de Cristo.

La Entronización de Santa María de la Fidelidad

Finalmente, la imagen fue enviada desde Quito a Guayaquil. La hermana, llena de emoción y gratitud, solicitó la aprobación eclesiástica para entronizar la imagen de la Virgen como Patrona de la Sociedad de Cristo. Se preparó una misa de entronización, presidida por S.E. Monseñor Aníbal Nieto Guerra, OCD, y el 22 de noviembre de 2008 se celebró la ceremonia con gran solemnidad. A partir de ese momento, la Virgen fue oficialmente venerada como Santa María de la Fidelidad, cumpliéndose así el sueño de la Madre.

Mons. Aníbal Nieto, OCD

Primera imagen de la virgen

Cubrimiento de la imagen para la entronización

Develación de la imagen

Incensación de la imagen

Palabras de Monseñor Aníbal Nieto Guerra, OCD

Queridas Hermanas de la “Sociedad de Cristo” y todos los que comparten este hermoso momento, la Entronización es el “Reconocimiento Oficial y social del Patrocinio de la Virgen María en su advocación de “Santa María de la Fidelidad, en la Sociedad de Cristo y en sus familias”, por eso este momento es muy importante para todos y en especial para Ustedes que por deseo de su Fundadora hacen voto de Fidelidad a Dios en honor a la Virgen. Ustedes deben de sentirse orgullosas de pertenecer a una Comunidad que tiene advocación propia, pero eso les compromete más a ser signo de la Iglesia fiel,

como lo expresó Juan Pablo II en su mensaje a las Religiosas: “A imitación de María que ocupa en la Iglesia entre los fieles el vértice de la caridad, las Religiosas podrán aparecer y ser cada vez más signo preclaro de la Iglesia fiel” (MR 49).

 

Ahora que vamos a descubrir la imagen para bendecirla, los invito a abrir el corazón a Dios y a  recibir el reinado de la Virgen en sus vidas para que atraídos por su corazón de Madre y Virgen fiel, podamos seguir llevando el mensaje de Salvación con sencillez y humildad  a todos los hermanos.

La construcción de una capilla y la expansión de la devoción

Al no tener una casa propia en Guayaquil, la comunidad vivía en comodato en una parroquia franciscana, pero al terminarse el acuerdo, enfrentaron un momento de incertidumbre. Confiando en la intercesión de la Virgen, oraron por una nueva casa, y recibieron una ayuda económica de Alemania. Con ese respaldo, pudieron comprar una casa que cumplía con el requisito de tener un espacio adecuado para construirle una capilla a la Virgen. A través de actividades pro-fondos y el apoyo del obispo auxiliar de Guayaquil, Monseñor Giovanni Batista Piccioli, lograron los recursos necesarios para construir una capilla amplia y hermosa, abierta al público, donde los fieles pudieran rendir devoción a la Virgen.

El significado de la devoción a Santa María de la Fidelidad

Para la Sociedad de Cristo, la devoción a Santa María de la Fidelidad representa un llamado a vivir en fidelidad a Dios. La Madre fundadora estableció un cuarto voto en la comunidad, el voto de Fidelidad al Evangelio, como expresión de la voluntad de cada hermana de ser fieles al compromiso cristiano, apoyadas en el ejemplo de la Santísima Virgen. La devoción no solo ha unido a las hermanas en este ideal, sino que también ha involucrado a los laicos consagrados a ella, quienes participan en la misión de la comunidad y buscan dar testimonio de una vida cristiana auténtica dentro de sus familias y comunidades.

La devoción a Santa María de la Fidelidad se ha consolidado con el paso de los años, y la imagen de la Virgen, ahora presente en cada casa de la comunidad, simboliza el compromiso de vivir una vida de fe y fidelidad en el espíritu del Evangelio.

Conformación de las hijas de Santa María de la Fidelidad

Tras la entronización de la Virgen y su reconocimiento como Patrona de la Sociedad de Cristo, muchas mujeres sintieron el llamado a ser parte activa de esta devoción, y con el acompañamiento espiritual de las hermanas de la comunidad, formalizaron su compromiso.

Las Hijas de Santa María de la Fidelidad surgieron, entonces, como una comunidad de fe que busca vivir los valores cristianos en su vida cotidiana, contribuyendo al fortalecimiento de la familia y al testimonio de la fe en sus entornos.

Misión y propósito

La misión principal del grupo es vivir y promover la fidelidad al Evangelio, inspiradas por las virtudes de la Virgen María: humildad, obediencia, servicio y amor incondicional a Dios. Este propósito se traduce en acciones concretas, como:

  1. Rezo del Rosario: Las Hijas se reúnen regularmente para rezar el rosario en honor a Santa María de la Fidelidad, pidiendo su intercesión por sus familias, la comunidad y la Iglesia.

  2. Formación espiritual: Participan en jornadas de formación, retiros espirituales y actividades organizadas por la Sociedad de Cristo para profundizar en su fe y compromiso.

  3. Servicio a la comunidad: Apoyan la labor pastoral y misionera de la congregación, colaborando en proyectos sociales y actividades evangelizadoras.

Consagración a Santa María de la Fidelidad

Uno de los momentos más significativos para las Hijas de Santa María de la Fidelidad es su consagración a la Virgen. Este acto solemne simboliza su total entrega a Dios a través de María, comprometiéndose a vivir como testigos del amor y la fidelidad divina en el mundo.

La consagración incluye una ceremonia especial, durante la cual las integrantes renuevan su fe, rezan la oración de la Salve a Santa María de la Fidelidad, y reciben un signo distintivo, la medalla de consagración, que simboliza su vínculo con la Virgen y su compromiso con la misión.

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