
Santa María de la Fidelidad
Patrona de la Sociedad de Cristo
REVELACIÓN DE SANTA MARÍA DE LA FIDELIDAD
(Narrado por la Madre Blanca González Aristizabal, Fundadora SDC)
Estando en el segundo año de noviciado, tuve un sueño o mejor la más bella revelación. Estábamos en una fiesta de comunidad y vi gran multitud de Religiosas, Sacerdotes, Obispos y entre ellos unos tres cardenales y muchas Religiosas amables y alegres, mucho seglar. Ahí está la Comunidad Sociedad de Cristo. En la fiesta había un baile y la Provincial me dijo que tenía que salir a bailar me entró la angustia por mi voto de no aprender a bailar, nadie lo sabía, ella me dijo: ¿cómo una novicia y en esa desobediencia? mire hacia el frente, toda angustiada, ¿qué hacer? (Ver: Historia de la decapitación de San Juan Bautista).
En ese mismo momento se me presentó la Virgen, yo ocupaba la primera fila, todo el centro, esto también me preocupaba, ¡y por qué estoy ocupando este puesto si no soy nadie! ya todo el mundo me respetó cuando me llamó la Virgen, pero yo vi, y comprendí que ellos no veían nada, volvió y me llamó y me dijo: “VEN, BESAME EL CORAZÓN”.
Yo le dije, no me puedo acercar por que el niño que llevas es la Divinidad, en ese entonces tenía 24 años y puedo asegurarlo, que la Virgen me había alcanzado del Padre, por medio de Jesús no haber cometido un solo pecado mortal, me volvió a llamar con su mano derecha, pues el niño lo tenía en su brazo izquierdo, me volvió a decir: bésame, bésame el corazón, éste lo tenía fuera de su túnica a cada llamada daba un paso hacia Ella.
Y le pregunté ¿por qué, tu cabeza y la del niño son iguales en altura?, ella me dijo fíjate bien en todo para más tarde. Eso quiere decir que Dios me ha dado el mismo poder que a mi Hijo, mientras el mundo sea mundo. Fíjate bien en todo me volvió a repetir yo le dije que sí, estábamos como a dos metros, su túnica era verde grisoso, su manga era larga y recogida abajo, con un letín dorado encima, su cuello era redondo y con el mismo letín, estaba sentada en un Trono que subía en ondas, las dos coronas eran, la de Ella de Reina y la del niño una corona de Aureola y su vestidito era verde rosadito su manguita larga y su cuello como el de su Madre, le llegaba hasta la mitad de la pierna su túnica, el Niño llevaba su mano derecha detrás del cuello de la Madre, solo asomaban de frente sus cinco deditos.
Vuelvo a Repetir, su corazón de carne encima de su túnica, el trono era de madera café, muy bien tallado, su peinado partido en la mitad, no liso, sino un poco ondeado y sus ojos eran azules grisosos y otro tanto su Niño, el cabello de la Madre era entre rubio y café, el de el niño era más rubio que el de su Madre, dado que solo tenía seis meses, poco más o menos, su mirada era muy amable y otro tanto la del niño, su mano pulida y alargada un poco no más, su manto que pendía desde la mitad de su cabeza por detrás y asomaba ya debajo de su brazos, su manto y su túnica llegaba hasta sus pies estos a lo descubierto. Tenían sandalias un poco café claro, el niño no tenía nada.
¿Por qué tanto detalle? porque Ella, la reina al llamarme siempre me decía con insistencia: fíjate bien para más tarde, no olvides nada. El cielo detrás de Ella era un cielo azul verdoso, como jaspeado en dorado, sin estrellas.
En la última llamada de Ella, le dije que le preguntara al niño si me podía acercar a besar su corazón y me tocó ver la actitud del niño en sonrisa de aceptación diciendo con ojitos y cabecita con toda su expresión que Sí.
Me acerqué, me quedaba alto su corazón por el trono, así que coloqué una mano en sus rodillas y besé duro su corazón, ellos aceptando, e inmediatamente desperté. Al decirme la última vez que le besara su corazón me dijo: Yo soy Santa María de la Fidelidad, dilo, dilo y no se te olvide para más tarde.

